Hace mucho que debería haber escrito sobre este viaje; disculpad mi memoria de pez.
Ya sabéis que hace más o menos un año Bea y Jacobo, también conocidos como Jacobea, se fueron. Se fueron a Suecia, a Lund, de Erasmus, adentrándose en un mundo nuevo con gente nueva y un idioma nuevo muy raro, pero por suerte allí la gente también habla inglés. Pero las becas Erasmus no duran para siempre, y menos el alquiler de una casa, y algún día tenían que volver.
Si el viaje de ida lo disfrutaron visitando un montón de ciudades europeas, el de vuelta no iba a ser menos y no sólo lo disfrutaron ellos, sino que nos invitaron a Tabas y a mí. Prestos y dispuestos, Tabas y yo agarramos un vuelo Madrid - Malmö sólo de ida. ¿Porque nos íbamos a quedar a vivir allí? ¡Nooo! ¡Porque íbamos a volver a Madrid en coche! Un coche bastante pequeño, por cierto, por lo que tuve que limitar mi equipaje a tres pantalones cortos y uno largo, con tan mala suerte que uno corto se me manchó de mermelada el primer día y el largo me cagó una paloma con mucha puntería encima la tarde siguiente.
Ni Tabas ni yo tenemos demasiada idea de inglés, así que el primer día decidimos ir a Copenhague, también conocida como la ciudad de las bicis, los dos solitos; sin duda, una aventura de alto riesgo reservada a los más osados, los que no temen utilizar bicicletas sin frenos en el manillar extraídas de escasos racks. Casi no lo contamos.
A partir de aquí todo fue muy rápido. Malmö, Stralund, Berlín, Leipzig, Dresden, Chemnitz, Jena, Weimar, Erfurt, Bamberg, Nürnberg, München, Neuchwanstein, Ausburg, Rothenburg, Frankfurt am Main, Heidelberg, Baden-Baden, Freiburg, Ausfahrt, Colmar, Lyon y Remoulins pasaron ante nuestros zigzagueantes ojos en apenas doce días (ver mapa).
Un par de apuntes, o incluso más:
- Si lleváis embutido para comer, llevad siempre cosas curadas, porque la mortadela se pone gris. Y huele fuerte y coge un sabor picante.
- No hace falta malgastar espacio con un pijama. Yo dormía todos los días con la misma ropa y, al contrario de lo que cabía esperar, no me derretí, ni exploté, ni nada.
- Tened cuidado con los mosquitos de Berlín. Pueden acabar con tus piernas, tus brazos y todo lo que les eches.
- Sus aliadas son las plantas en maceta de Weimar. En cuestión de segundos transforman el ambiente en una especie de Mordor y se te lanzan a la cabeza ayudadas por el viento.
- Por tercera vez, no estoy enamorado. Pero es que los sótanos me ponen a cien (me recuerdan a las mazmorras).
- Al castillo de Neuchwanstein se puede subir sin pagar. ¡Que no os engañen!
- Las aguas medio calentorras de Baden-Baden (Baden-Baden is so nice, that you have to name it twice — Bill Clinton) son una patata. Por lo mismo que te cuesta un vaso te puedes comer un trozo de carne encima de una rebanada de pan, si te dejan tus compañeros de viaje, claro.
- Os sorprenderá que todas las autopistas alemanas lleven a Ausfahrt. Pero es que es así como se dice “salida” en alemán.
- En Remoulins no saben inglés en general, y además los camping-caravaning están llenos. Nosotros tuvimos que dormir en un hotel.
En definitiva, merece la pena darse unas vueltecitas por Europa-Alemania, ya sea para alegrar la vista, aprender o decidir a dónde te vas a ir de Erasmus.