Es una locura
Es un sonido de fondo. Una guitarra que suena. Unas voces familiares.
Es una vela alumbrando. Cartulinas de colores.
Unos ojos que se cruzan.
Eso es lo que es.
Hay palabras nunca dichas que dejan un sabor agridulce.
Es un sonido de fondo. Una guitarra que suena. Unas voces familiares.
Es una vela alumbrando. Cartulinas de colores.
Unos ojos que se cruzan.
Eso es lo que es.
Hay palabras nunca dichas que dejan un sabor agridulce.
Hace mucho tiempo, allá por el año 1999, nació el proyecto Alqua. Como objetivo, romper las barreras del flujo de conocimientos, rebajando el muro entre quien enseña y quien aprende y rechazando de lleno la tradicional prohibición de copia.
Un proyecto, como dicen Álvaro y Pablo, sus fundadores, tan ambicioso que sólo es factible en comunidad, y quizá la falta de esa comunidad sea la razón de que se haya quedado “en la nevera” con nueve documentos libres.
Este año tuve la oportunidad de escribir, como un trabajo de apoyo a la docencia relacionado con una Beca de Excelencia que no me dieron, unos “apuntes” sobre mecánica lagrangiana aplicada a potenciales centrales. Siendo como soy, pensé desde un primer momento en publicarlos bajo licencia CC, y fue en ese momento cuando descubrí Alqua.
Me identifico en gran parte con sus principios, sobre todo con la idea de que es bastante absurdo restringir la reproducción de material educativo y los beneficios de aprender en comunidad, por lo que creo que merece la pena apoyarlo para conseguir quitarle el polvo y el frío.
Hay muchas formas de colaborar en el proyecto, pero sin duda una de las más sencillas es publicar documentos. Sí, si escribísteis o conocéis a alguien que escribió unos apuntes, una especie de libro, un artículo o cualquier texto que merezca la pena compartir (en especial profesores o profesoras), por favor, contactad por correo electrónico con Alqua, o conmigo dejando un comentario.
A todos los que jugáis al Hattrick: tened cuidado, porque mirad cómo acaban algunos…
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Hace mucho que debería haber escrito sobre este viaje; disculpad mi memoria de pez.
Ya sabéis que hace más o menos un año Bea y Jacobo, también conocidos como Jacobea, se fueron. Se fueron a Suecia, a Lund, de Erasmus, adentrándose en un mundo nuevo con gente nueva y un idioma nuevo muy raro, pero por suerte allí la gente también habla inglés. Pero las becas Erasmus no duran para siempre, y menos el alquiler de una casa, y algún día tenían que volver.
Si el viaje de ida lo disfrutaron visitando un montón de ciudades europeas, el de vuelta no iba a ser menos y no sólo lo disfrutaron ellos, sino que nos invitaron a Tabas y a mí. Prestos y dispuestos, Tabas y yo agarramos un vuelo Madrid - Malmö sólo de ida. ¿Porque nos íbamos a quedar a vivir allí? ¡Nooo! ¡Porque íbamos a volver a Madrid en coche! Un coche bastante pequeño, por cierto, por lo que tuve que limitar mi equipaje a tres pantalones cortos y uno largo, con tan mala suerte que uno corto se me manchó de mermelada el primer día y el largo me cagó una paloma con mucha puntería encima la tarde siguiente.
Ni Tabas ni yo tenemos demasiada idea de inglés, así que el primer día decidimos ir a Copenhague, también conocida como la ciudad de las bicis, los dos solitos; sin duda, una aventura de alto riesgo reservada a los más osados, los que no temen utilizar bicicletas sin frenos en el manillar extraídas de escasos racks. Casi no lo contamos.
A partir de aquí todo fue muy rápido. Malmö, Stralund, Berlín, Leipzig, Dresden, Chemnitz, Jena, Weimar, Erfurt, Bamberg, Nürnberg, München, Neuchwanstein, Ausburg, Rothenburg, Frankfurt am Main, Heidelberg, Baden-Baden, Freiburg, Ausfahrt, Colmar, Lyon y Remoulins pasaron ante nuestros zigzagueantes ojos en apenas doce días (ver mapa).
Un par de apuntes, o incluso más:
En definitiva, merece la pena darse unas vueltecitas por Europa-Alemania, ya sea para alegrar la vista, aprender o decidir a dónde te vas a ir de Erasmus.
Hoy me he dado cuenta de que quiero darte un beso, abrazarte y bailar.
Hasta que nos deslumbre la luz del Sol.
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