Odisea en el Anillo Verde Ciclista
Ayer me decidí por primera vez a ir al a Facultad en bicicleta. Mis padres no querían que fuese, porque les da miedo que me atropellen, me dicen que todos los días escuchan noticias de ciclistas atropellados, pero no sé qué cadena verán ellos; además, soy un cabezón.
Moverse por Madrid en Metro es muy chungo, puedes pasarte la vida sin conocerte ni las calles principales de la ciudad, al menos eso me pasa a mí. A pesar de haber imprimido varios mapas chulos y detallados con Google Maps, en los que había trazado una ruta y todo, me perdí haciendo más zig-zags que cuando nos ponían los conos en clase de Educación Física en el instituto. Me fui más para el sur de lo que quería y acabé teniendo que subir el Paseo de la Castellana (creo que era ese), pero se sube muy bien por el carril para autobuses, motos y taxis. Mejor o peor, una vez que llegué a Nuevos Ministerios todo fue coser y cantar.
Cuando llegué a la Facultad me di cuenta de que se me había acabado la batería del móvil. Primer fallo. Además, mis amigos estaban en un examen de Cálculo II, así que no podía pedirles prestado su móvil, pero se me ocurrió la genial idea de utilizar el teléfono de monedas que hay en un pasillo, para llamar a mi madre y decirle que no me habían atropellado todavía.
Estuve todo el día en la Delegación de Alumnos poniendo un poco de orden en el banco de exámenes. He estado casi dos días escaneando y pulsando teclas, pero creo que ha merecido la pena. A la hora de comer conocí a un amigo de A. Garrido, que no me acuerdo ahora mismo como se llama. A partir de ahí llegó la perdición. Este chico me recomendó que cogiese el Anillo Verde Ciclista, que es “un carril bici” que da toda la vuelta a Madrid, toda la vuelta. Para llegar desde la Ciudad Universitaria hasta el Anillo hay que seguir un camino un poco raro, así que me hice un planito a mano.
Cuando salí de la Facultad sobre las siete de la tarde, me olvidé el planito en el local. Fallo garrafal. Estuve como media hora dando vueltas como una peonza (bueno, no tanto), porque se supone que tenía que coger la Carretera de la Dehesa de la Villa. pero un cartel decía que estaba cortada, y yo no encontraba el camino, hasta que me metí por una Senda Real, o algo así y, después de ir por caminos de piedras horrendos y horribles, llegué a algo que parecía un carril bici en obras.
Es una lástima que esté tan mal señalizada la entrada al Anillo Ciclista, vamos, que no está señalizada en absoluto, así que o sabes tú cómo se va entre penosos caminos llenos de piedrecitas o autopistas ultrapeligrosas, o te va a costar encontrarlo sudor y lágrimas.
Una vez dentro del recorrido, me di cuenta de que es poco más que asfalto rojo y farolas rodeado de hierba y arbolitos. A pesar de lo que se cuenta por ahí, yo no vi zonas de descanso ni servicio, nada más que una, y me estaba muriendo de sed, y pensaba que si me pasaba algo allí no me iba a encontrar nadie, porque estaba desierto y lejos de cualquier civilización conocida. Cada dos por tres se interrumpía el trayecto con una cadena entre dos postes en mitad del camino; un cachondeo, vamos.
Si no está señalizada la entrada al Anillo, menos está señalizado el propio Anillo. Por donde yo circulé no había carteles visibles que te digan dónde narices estás, que te muestren un mapa del recorrido, ni siquiera a dónde vas. Sobre todo esto último.
Y digo sobre todo esto último porque no os imagináis mi sorpresa cuando vi un lago y letreros que decían “Parque de Atracciones” y “Zoo”. En efecto: había cogido el Anillo en el sentido contrario.
Pensé que, como un Anillo que era, podía dar la vuelta por el sur y llegar igualmente a Barajas, pero después de más de media hora sin saber dónde estaba decidí preguntar a los indígenas locales dónde estaba y cómo podía llegar a Barajas. Todos flipaban y me decían que no llegaba hasta Barajas en bici ni de coña, y era verdad.
Tras callejear numerosas veces en sentidos contrarios, intentar llegar Puerta del Ángel y acabar en Lucero, me di por vencido a las nueve y media de la noche y acepté la derrota del ciclista en el pozo que es el suroeste de Madrid cogiendo un taxi.
El cono se comparte bajo CC-by-nc y su autor es Cosas de dos en Flickr.
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