Un hombre ignorante es siempre un esclavo
Hay gente que piensa que la ignorancia da la felicidad. Nada más lejos de la realidad.
Cuando te presentas a un examen y te das cuenta de que no sabes responder a la mitad de las preguntas, ¿eres muy feliz?
Si sales con los colegas y empiezan a hablar de temas que tú no entiendes, ¿te sientes a gusto?
Cuando tu mejor amigo no quiere contarte sus problemas, ¿te mola que no confíe en ti?
No, no y no. El ser humano es curioso por naturaleza, el ser humano quiere saber, quiere entender, y es precisamente cuando no entiende nada cuando es más infeliz.
Hace bastante tiempo, en mis largos monólogos con Vero, llegué a la conclusión de que la desdicha que puede sentir un niño cuando le quitas un juguete es comparable a la que tú hoy puedes sentir por suspender un examen o perder tu trabajo. Quiero decir que, al menos localmente, la importancia de los problemas es relativa a la vida de la persona que los sufre. Hay unos que se hunden porque les ha dejado su pareja y otros que se enrollan con una chica distinta cada fin de semana.
Ser ignorante no te hará más feliz, sino tan sólo más débil a la hora de afrontar tus problemas.
“Acabo en el suelo, muy borracho y, sin razón, hoy no tengo miedo. Hoy me siento un ganador.” (Konsumo Respeto - Herida de Guerra)




