La ignorancia no da la felicidad
Justo cuando creía que se había acabado el cuento, vuelven los fantasmas. ¿A qué macabro juego estás jugando con mis pensamientos?
Cuando pienso en todas esas cosas que debería haber hecho me siento un cobarde. Bajo la excusa de mil fingidas creencias he dejado pasar cientos de oportunidades, de esas puntuales, irrepetibles como un eclipse de luna en la noche.
Una vez más sé que no me perdonaré. Que no dormiré pensando en lo que pudo ser y no fue. Que nunca podré ser feliz por omisión.
“Está bien ser normal cuando querías ser normal pero, ¿está bien ser normal cuando soñaste con ser especial?”
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