Un poco más cínico
No todo son poemas bonitos. También hay veces en las que piensas tan mal que no puede salir nada bueno.
Todos querríamos finales felices, temblores de emoción, y recuerdos, recuerdos con una sonrisa.
Pero cuando te giras y ves que no hay hadas en el estómago, ni siquiera suspiros de resignación, te das cuenta de que se ha acabado. Que las letras ya no reflejan cariño ni ilusión, sino la rabia del que escribe, su necesidad de desahogarse y echarle la culpa al mundo de que el cuento acabe mal. De que se haya acabado el cuento.
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