Cuestión de actitud
Hace pocos días un apagón de cinco minutos. Bonita iniciativa con una participación mediocre que sirve de bien poco.
¿Hasta qué punto dependemos de la energía? Cacharros que antes eran dignos de la ciencia ficción hoy inundan los hogares de millones de personas. Desde la nevera, pasando por el lavavajillas, el microondas, la lavadora, la televisión, el microondas y cientos de zarandajas más; que cualquiera te mira raro si dices que no tienes televisión ni móvil.
A pesar de los problemas de tráfico de tantas ciudades, seguimos utilizando el transporte privado indiscriminadamente, desplazando una tonelada de metal por menos de cien kilos. Si se trata de ahorrar un poco de agua, apagar la luz cinco minutos, o el móvil todo un día, todavía podemos intentarlo, pero la generosidad y la defensa de los ideales se vuelven directamente proporcionales a la comodidad, y aparecen todo tipo de excusas.
Cuando se habla del cambio climático muchos miramos hacia otro lado, pensando en que no va con nosotros, sino con aquellos otros seres desconsiderados que gastan un montón. Desde mi punto de vista, quien no forma parte de la solución forma parte del problema, un problema que no es cuestión de cinco minutos, ni de un día, sino de toda una actitud ante la realidad.
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