Suecia
Como ya sabéis, mis amigos Bea y Jacobo y su perrito Turrón se marcharon el verano pasado a Lund, una ciudad al suroeste de Suecia conocida por su actividad intelectual, disfrutando de una beca Erasmus.
Nos hicieron prometer (o casi) a algunos que iríamos a visitarlos algún día y… ¡deseo cumplido!
El martes pasado regresé del que ha sido mi primer viaje fuera de la Península Ibérica. Y debo decir que después de esto, me he quedado con ganas de más. Vamos, que ha estado genial, que me ha gustado mucho la experiencia.
De Madrid, el 30 de Noviembre, salimos Diegoti, Turroncilla, Christian y yo, con rumbo a Copenhague, en cuyo aeropuerto nos encontramos (premeditadamente) con Sandrita. Sandrita es otra chica que también se ha ido de Erasmus este año, a Munich donde, según dice ella, la gente desayuna salchichas con mostaza dulce (que nos trajo amablemente para que las probásemos) y cerveza. Todos estamos estudiando CC. Físicas, excepto Turroncilla, que estudia Mates. Nada más llegar al aeropuerto y salir a la calle te das cuenta de que realmente donde fuimos no es el fin del mundo, que no necesitas ir enfundado en un abrigo de plumas y con pasamontañas, sino que se puede estar perfectamente en la calle a unos 7ºC. De lo que también te das cuenta es de que en estas fechas y por estas latitudes ya es de noche a las 4 de la tarde, lo que provoca que los días soleados sean bastante apreciados.
De el aeropuerto de Copenhague cogimos un tren a Lund, donde nos esperaba Jacobo, atravesando el puente Öresund. Lo primero que me sorprendió fue encontrar una plaza lleno de bicicletas aparcadas, un verdadero aparcamiento. Y es que allí la bicicleta es un medio de transporte mucho más utilizado que aquí en Madrid. Ves un montón de bicicletas de carretera (con llantas delgadas) aparcadas y corriendo por todas partes y un montón de carriles bici. Y los semáforos son muchos de estos que le pulsas para que se ponga en verde para los peatones y las bicis, y tienen una cajita que suena distinto según esté en verde o en rojo, para los que no ven.
La casa en la que están viviendo Jacobo y Bea, y donde nos hospedamos, es grande para dos personas y encantadora para siete amigos. Una rosa gigante en el recibidor, tres dormitorios, un baño, un comedor-cocina, plaza de garaje, un enorme salón y un pequeño jardín. Lo peor, un sólo baño para siete personas; aunque tampoco fue muy problemático.
El primer día, luego de intentar asistir a una fiesta en Smålands (una nation de Lund, que son el equivalente a las asociaciones de alumnos de Madrid, pero mucho más institucionalizadas) sin éxito, salimos a un garito alemán de Lund a beber cervezas (Jacobo vino) y brindar mirándonos a los ojos. Es una costumbre alemana (o de alguna parte de Alemania) brindar mirando a los ojos a la persona pertinente, so pena de seis años de mal sexo. Después de saber los peligros que entrañaba brindar incorrectamente, cada vez que lo hacíamos abríamos los ojos hasta el límite de nuestras órbitas.
El segundo día fuimos a Malmö. Malmö es una ciudad al sur de Lund, aún en la Peninsula Escandinava, con un bonito parque lleno de verde y una cafetería atendida por una chica que sorprendentemente (en principio) hablaba castellano donde nos tomamos un chocolate natural muy rico. Lo malo es que, tanto por allí como (según tengo entendido) por la mayoría de las más importantes cuidades del continente europeo, los precios están bastante altos para un español. Para que os hagáis una idea, un capuchino en el "Af Building" de Lund me costó 20 coronas, unos dos euros y medio. Y la cerveza de Lund (medio litro), 50 coronas, unos seis euros y medio.
Ese día por la noche salimos a una fiesta que había en la residencia de un amigo venezolano de Jacobo y Bea que se llama Pedro. Después de la "preparty" en la cocina de la resi de Pedro, donde nos encontramos con unas suecas que veían la tercera parte del Señor de los Anillos, al chileno Alejandro y al alemán Henning (muy guapo según comentarios de Sandrita)
El tercer día fuimos a Copenhague, cruzando de nuevo el Öresund cinco en coche y dos en tren (por razones económicas). Como es obvio, Copenhague es la capital de Dinamarca. Allí básicamente lo que hicimos es dar chorrocipientas vueltas, comer, luego empezó a llover, vimos la famosa sirenita, cogimos algunos el tren y luego el Metro… Allí vendían unos billetes en los que ponía 2 zoner, 3 zoner, etc., que por lo que leí e intuí valían para viajar todo lo que quisieras en transporte público durante una hora, una hora y media, etc. 18 coronas costó el 2 zoner, algo menos de dos euros y medio. Un consejo que os doy es que no os intentéis colar en el transporte público de Copenhague, porque de dos veces que lo utilicé pasó el revisor una vez, que pudo ser casualidad, pero bueno, allá vosotros y vuestro recargo de 20 veces el billete sencillo.
El transporte público lo utilizamos para ir desde la zona donde estaba la sirenita hasta el barrio de Cristiania, que según me han contado está un poco fuera de la ley, porque ellos hacen lo que quieren sin molestar a nadie, y la policía no les molesta a ellos. Ahí lo que tenían montado, además de un barril metálico con fuego dentro para calentarse uno, era un mercadillo de chorradillas. Diego se compró un gorro con orejeras y Turroncilla un collar en un puesto donde, como no, hablaban castellano. Yo no compré nada, más que nada porque nada de lo que vendían me llamaba demasiado la atención (no hago nada, y así nada se queda sin hacer). Luego de salir del barrio este del barril de fuego nos volvimos a casa, y a mí me tocó (porque quise) volverme en bici por un camino oscuro y sin linterna, con un Jacobo apremiante.
El cuarto día, contra toda previsión debido a que estábamos hechos polvo después de nuestra cansada visita a Copenhague, nos aventuramos hacia Gotemburgo (Göteborg). Cinco en coche y dos en autobús (a mí me tocó autobús a la vuelta, con Nanette). Allí lo que hicimos básicamente fue lo de siempre, dar paseos para ver la ciudad, sacar fotos, y pagar parking. Porque en todas las ciudades que visitamos tuvimos que pagar por el estacionamiento del coche, y no precisamente poco. Gotenburgo tiene tranvía, pocos pasos de cebra, una Ópera, un puerto con barcos y maquinaria de guerra de museo, y una calle con luces de Navidad muy bonita. Esta cuidad fue la única donde no comimos embutido (gran parte del cual compramos en Madrid), sino que comimos en una kebabería (donde sirven kebabs y derivados). Cuando nos volvíamos Turroncilla y yo, al comprar el billete, qué casualidad que el tipo que nos los vendió… ¡también hablaba castellano! Al loro, carambolo.
El quinto día ya no salimos a dar vueltas, pagar parking y sacar fotos por otra ciudad, sino que fuimos los visitantes andando al centro de Lund a comprar souvenirs y demás chorradas. Bea y Jacobo no pudieron venir porque tenían una exposición sobre semiconductores esa tarde. Sandra quería unos CDs en blanco y cuando entró a preguntar en una tienda, cómo no, el tipo hablaba español (yo creo que era siempre el mismo que nos seguía, y se disfrazaba). El caso es que estuvimos desde las 12 hasta las 5 de la tarde buscando y tampoco encontramos mucho que comprar; desde luego que Lund no parece una ciudad muy turística.
Esa misma tarde visitamos la Universidad, que cierra las puertas de sus sobre las 5 de la tarde (recordad que allí anochece muy pronto). Resulta curioso que en la biblioteca de Físicas de allí no hay seguridad antirrobo de libros, y son los propios estudiantes a veces los que registran su préstamo cuando no hay personal; porque los estudiantes tienen una tarjeta-llave con la que pueden acceder a la Facultad el día y hora que les apetezca.
Y esa misma noche, porque había que aprovechar el día, salimos de marcha por Lund. Tras elecciones de vestuario y pintorrejeos (enhorabuena Turroncilla, no se te nota), buscamos un garito, pero como era lunes y era Lund, el único sitio que encontramos fue una discoteca denominada "Basilisk". La discoteca esta era un sitio la mar de curioso, ya que además de tener un precio de entrada abusivo (60 coronas) luego había que pagar otras 30 obligatoriamente para el guardarropa y dentro había suecas guapas y/o atractivas. Según cuentan, la mayoría de las mujeres suecas atractivas se esconden en este local. Dentro pudimos comprobar la marcha de nuestro amigo Jacobo, lo loca y/o alcoholizada que resulta la juventud sueca por la noche y, sobre todo, la cualidad de latin-lover/macho-ibérico de Christian.
Como resumen, cabe decir que esto de viajar está guay, que si lo haces con buenos amigos aún mejor, y que lo más guay es que te ayuda a ver el mundo desde otras perspectivas, conociendo otras historias, otras culturas, otras formas de vida, otros mundos.
Más fotos en: http://s89.photobucket.com/albums/k207/beaseobar/AmigosDic06Varias/





al ver lo q has escrito de suecia algunas cuestiones se me han pasado por la cabeza:
en Madrid no hay semáforos con cajita y botón para, si quieres pasar, pulsas y se pone verde con sonido para los invidentes?
estás diciendo que te cuelas en el trasporte público de madrid? xD
aquí en catalunya, por un capuccino me han llegado a cobrar 2 euros perfectamente, no es tan abusivo (además, me parece baratísimo el bonobus, cada viaje de bus me cuesta 2.20 euros, y no existe bonobus)
bueno, ninguna objeción más. Al loro, carambolo xDDD
Comment por Esther — December 12, 2006 @ 5:58 pm
se ve que isra tampoco ha ido a catalunya XD
déjale mujer, si uno siempre llega alucinado de los viajes al extranjero, y si es la primera vez, con más razón.
hey, q bonito todo! jo q envidia, si hasta parece que alli hace menos frío que aquí. Que no te sea muy dura la vuelta a la rutina ;)
Comment por Anne_Poulet — December 13, 2006 @ 7:49 pm
En Madrid sí que hay algunos semáforos con cajita y botón, pero es que en Suecia la tenían casi todos, si no todos.
Y respecto a la señal sonora para invidentes, en Madrid también parece una minoría el número de ellos que la implementan. Teniendo en cuenta que mientras están en rojo en Madrid no suena nada, es chungo discernir si un semáforo está en rojo o es que es de los muchos que no pitan cuando están en verde.
Según mi punto de vista, solucionar este problema es más importante que ampliar la red de Metro.
Yo prácticamente nunca me cuelo en el transporte público de Madrid, porque casi siempre tengo el abono y claro, es tontería. Y si no lo tengo tampoco me cuelo, porque pienso que si no me falta dinero para pagar el billete, es tener mucho morro. Eso no quiere decir que apruebe los precios y el mal funcionamiento de las redes, que últimamente es bastante penoso.
2,20€ sí que me parece un abuso; sólo cabe esperar que por lo menos funcione correctamente :)
No es que en Suecia haga menos frío que aquí, es que allí como que te haces a la idea de que todo el día hace frío y te acostumbras y no piensas en eso.
Mi vida no es rutinaria: todos los días hago cosas nuevas ;)
Comment por dukebody — December 14, 2006 @ 11:01 am